23 noviembrelaberinto: R14
11:59
Ella está acostada, seguramente dormida. A un costado de la cama en la que ella se encuentra hay una mesa de noche. Sobre esta, un vaso de agua medio lleno y un despertador. El reloj marca con sus rojos "leds" las once cincuenta y nueve. Cambia la hora. No. No marca las doce. Son las once cincuenta y ocho. El despertador comienza a sonar con un rítmico "beep".
Instintivamente sus ojos se abren. Son azules, de ese azul profundo que nos atrapa. De ese azul que, una vez captura nuestra mirada, no podemos dejar de ver. Con un rápido movimiento de su mano izquierda ella apaga la alarma del despertador. Permanece uno, dos... nueve segundos en silencio con la mirada perdida hacia el techo. Con la mano derecha hace a un lado la sábana que cubre su cuerpo y se pone de pié.
La luz mortecina, que se cuela difícilmente por la persiana, golpea su espalda desnuda. Por el tono y cantidad, intuimos que es de noche y, seguramente, una despejada noche de luna llena. Azul... Azul como sus ojos es el tono de la luz.
Llega al baño. Su difusa silueta pasa frente al espejo sin reflejarla. Gira el grifo y el agua de la ducha comienza a caer acompañado de un denso vapor. Ella se coloca bajo la regadera y el agua comienza a acariciar su cara, sus hombros, su cuerpo. Su negra cabellera comienza a humedecerse y deja escurrir el agua por su espalda. A sus pies se forma un pequeño y poco profundo charco y mientras el agua busca escape sobre su cuerpo caen al charco una, dos... nueve gotas de un líquido rojo que se diluyen lentamente.
Pasa la mano por el empañado espejo. Por la mojada y reflejante franja que deja vemos sus azules ojos, su cara blanca y su negra cabellera empapada. Sonríe y al darse vuelta deja su invisible rastro en el espejo.
Se pone unos ajustados pantalones de cuero negros que permiten ver su única silueta; una camisa negra que abotona lentamente cubre su desnudo torso. Deja al descubierto su cuello sobre el cual deja caer una cadena de plata de la cual pende un extraño amuleto. Se dirige al vestíbulo, descuelga su chaqueta de cuero y sale del departamento…
Una banda de rock toca en una fiesta. Vemos algunas parejas, tanto heterosexuales como homosexuales bailando, platicando… El humo inunda el ambiente que velas y luces de primarios colores pretenden iluminar.
Ella irrumpe en el lugar captando las miradas. No hay alguien a quien no llame la atención. Sólo los miembros de la banda parecen ignorar su presencia. Un atractivo hombre se acerca con dos vasos, le convida uno. Ella acepta y comienza a bailar con él. La música, la luz, el sudor comienzan a envolver sus cuerpos. Él con un ademán la indica que salgan, hace demasiado calor. Ella acepta y salen a la terraza.
Afuera el ambiente es más relajado. Algunas parejas conversan, otras más se entretienen con besos y caricias. Él la toma de la mano y la lleva a un lugar donde las antorchas y las miradas no los puedan seguir.
Solos, iluminados apenas por la brillante luz azulada de la luna, comienzan a besarse. Él cierra los ojos para sentirla mejor; para sentir como ella acaricia su cabello. Con los ojos cerrados él siente como ella desliza sus labios por su rostro, por su cuello… Su cuello, tenso, se descubre ante los azules ojos y de pronto dos rojos jirones ahogan un inaudible grito.
Ella regresa sola a la fiesta. Comienza a moverse, a bailar siguiendo el ritmo que le impone la música que sale de los amplificadores de la banda. Una chica comienza a comérsela con la mirada. Se acerca y comienza a bailar a su espalda. Sus brazos se mueven y se posan, despreocupados e insinuantes en la cintura de ella. El baile se torna más erótico. Cada vez hay más roce y ahora es ella quien con un gesto de su mano invita a su nueva pareja a seguirla. Se introducen en el baño y comienzan a besarse.
Ella, la otra ella, cierra los ojos para sentirla mejor; para sentir como ella acaricia su cabello. Con los ojos cerrados ella, la otra ella, siente como ella desliza sus labios por su rostro, por su cuello… Su cuello, tenso, se descubre ante los azules ojos y de pronto dos rojos jirones ahogan un inaudible grito.
El ritual se repite una, dos… nueve… todas las veces.
Al final ella baila sola, frente a la banda que sigue distorsionando el silencio con su música. Al final ella baila sola, en una estancia llena de cuerpos esparcidos en el piso: algunos aún con vida, poca. Algunos aún con un poco de sangre. Sangre que por el efecto del alcohol tardará en comenzar a formar coágulos en las heridas. Es por eso que se prefieren las fiestas en donde hay alcohol. La banda deja de tocar. Sueltan sus instrumentos. Se disponen a participar del festín. Uno a uno los integrantes buscan con el olfato los cuerpos que aún siguen con vida para vaciarlos por completo. Ella, ella sigue bailando, ahora únicamente acompañada por el sonido de hambrientos músicos distorsionando el silencio mientras beben…
Ella está acostada, no muy probablemente dormida. A un costado de la cama en la que ella se encuentra hay una mesa de noche. Sobre esta un vaso de vacío y un despertador. El despertador está sonando con un “beep” in crescendo. Cada vez más aprisa. El reloj marca las once cincuenta y nueve. Cambia la hora. Son las doce. Ahora el “beep” entrecortado es continuo. Instintivamente sus ojos se abren. Son azules, de ese azul profundo que nos atrapa. De ese azul que, una vez captura nuestra mirada, no podemos dejar de ver. Al otro costado de la cama en la que ella se encuentra hay un equipo de monitoreo cardiaco, suero y una bolsa de sangre. El equipo de monitoreo marca una tenue línea continua.
Uno, dos… nueve segundos pasan antes que se abra la puerta abruptamente. Entra corriendo una enfermera. La sigue una segunda, una tercera… Las dos primeras le gritan algo a la tercera la cuál, regresa por donde entró. Vuelve entrar, apresurada. Detrás, en silencio y tranquilo entra un doctor. Lentamente apaga el equipo de monitoreo que es el que emite el ensordecedor “beep”. Se acerca a la cama y con la mano izquierda cierra los ojos de ella. Con la mano derecha toma la sábana y cubre su cara.
¿Por qué será que hay gente que tiene la sangre corrupta? ¿Por qué será que hay gente que necesita la sangre de otros para vivir? ¿Por qué será que la leucemia te arrancó de vivir?







